La celebración de un matrimonio es un acontecimiento especial para la pareja, las familias y los amigos. Es un acontecimiento lleno de esperanza para el futuro. Se hacen votos para toda la vida. Una recepción, un banquete, celebra con alegría un futuro juntos. Estas son las imágenes que utiliza la Escritura para describir la relación entre Dios y su pueblo en general, y entre Jesús y la Iglesia en particular. En la primera lectura, el profeta Isaías proclama: "... como un novio se alegra de su novia así vuestro Dios se alegrará de vosotros". El pasaje evangélico trata de las bodas de Caná. Este banquete de bodas en particular se utiliza para recordar el banquete eterno que todos estamos llamados a celebrar. No se trata sólo de una pareja que se salva de la vergüenza, sino de la humanidad a la que se le ha acabado el vino. Jesús transforma el agua de nuestra mísera existencia y nuestros escasos esfuerzos en el vino de la vida que celebraremos con Él en las bodas eternas. Esta realidad se refleja en la Eucaristía que celebramos este fin de semana. El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La Eucaristía es un atisbo de lo que está por venir: lo mejor está por llegar. Este maravilloso relato evangélico nos lleva de la Navidad al acontecimiento pascual. Jesús habla de "la hora" que está por llegar: su muerte y resurrección. Su sangre en la cruz se convierte en el vino nuevo que salva. Al pasar de la muerte en la cruz a la resurrección pascual, nos introduce en el banquete eterno. Sí, lo mejor está por llegar.

©2013 Eugene S. Ostrowski